Martes, 02 Junio 2015 00:00 Publicado en Blog

Han transcurrido poco más de dos días desde la final de la Copa del Rey de fútbol y de lo único que se sigue hablando en este país es de eso, y, sorprendentemente no del evento deportivo, sino de la sonora pitada al himno nacional que se produjo en el previo al partido.

 

Al ser este un tema polémico, todos tenemos una opinión, la mía es muy sencilla y se limita a dos consejos que me daban de pequeño “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti” y “tu libertad acaba donde empieza la del vecino”.

 

Pero el objeto de este “post” no es dar mi opinión al respecto de la pitada sino analizar un aspecto que he venido escuchando en estos días y es si la pitada en sí es ilícita.

En primer lugar, el Código Penal en su artículo 543 recoge y pena los “ultrajes a España”:

Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses.Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses.

Si observamos el elemento nuclear del tipo y la propia definición de la Real Academia de la Lengua del verbo “ultrajar” (1.tr. Ajar o injuriar. 2. tr. Despreciar o tratar con desvío a alguien) podemos deducir que nos encontramos ante un tipò  de injurias en el cual el ofendido, en lugar de ser un particular es el Estado y sus símbolos.

Esto nos ha de llevar a la lógica ponderación de qué se ha de considerar una injuria, toda vez que si bien no es un término científico o no existe un “medidor de ofensas” tampoco puede entender el legislador que sea un término subjetivo toda vez que a cada uno le ofende una cosa distinta.

 

 

Según establece de forma pacífica la Doctrina, la acción ha de tener un significado objetivamente ofensivo, según los parámetros sociales en los que la expresión se vierta y es imprescindible que exista la intención de injuriar (Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de marzo de 1991).

 

 

También señala la Jurisprudencia (Sentencia del Tribunal Supremo 278/95 de 28 de febrero de 1995) que hay que estar no solo al valor de las palabras o expresiones proferidas, sino que, dado el carácter eminentemente intencional de este delito, habrá de atenderse y estimarse las circunstancias concurrentes en cada supuesto, realizando un ponderado y reflexivo análisis de los factores coexistentes capaces de hacer incardinar la conducta examinada en la figura penal de la injuria.

 

 

Como podemos observar, hay que atender a cada caso concreto y examinar muy minuciosamente sus particularidades, mi opinión, es que dado que la posible injuria no la constituye el hecho de que una única persona lo hiciera sino en el hecho de que fuera un acto conjunto, no cabría la posibilidad de considerarse como hecho punible, ello por no hablar de lo inidóneo que resultaría para los símbolos patrios el buscar la represión penal de manifestaciones -desafortunadas- como las ocurridas.

 

 

Sin perjuicio de que el “nivel de patriotismo” es libre, hemos de observar también qué  ocurre en otros países, y nos ha de llamar en especial la atención EEUU, país que -todos estaremos de acuerdo- no se puede poner en duda que tiene en alta estima sus símbolos. Pues bien, el Tribunal Supremo en 1989 afirmó que quemar una bandera no es inconstitucional y que el Gobierno no puede prohibir la expresión de opiniones porque no esté de acuerdo con ellas.


Pues bien, no seamos “más papistas que el Papa” y reflexionemos, si todos -incluido este “post”- no hubiéramos dado la importancia a la pitada que, en el fondo, no la tiene, en la próxima final la misma no se produciría.

 

 

 

Imagen de La Sexta